Francisco Fernández

(Cartagena 30 de Agosto de 1971)  

Loco perfeccionista de mi entorno y algo menos de mi mismo, un poco tarambana, pero, bueno en el buen sentido de la palabra...

Mi no única obsesión, es la de impedir que escapen los momentos que me llevan a los logros, porque amo aprender, porque disfruto caminando, porque en el camino esta el paraíso.

   

Comencé  haciendo fotos con una Werlisa Color, que me regalo mi tío José Luís, con ella hice mis primeras, e infantiles instantáneas,  mientras la humanidad se arrastraba por un complicado Siglo XX  allá por la década de los 70 y los 80  mientras la mirada del hombre era fría y violenta. No recuerdo el dia que murio el dictador, si es que alguna vez murio, pero si el que murio J. Lennon.

Deje mi infancia y mi Werlisa, para pasar a la Nikon de mi adolescencia, en un Madrid, en el que "la movida" y "la transición"  quemaban la energía de cualquiera, así forme mi carácter.  Apatria sin Dios, razón ni verdad,

a los 30 años decidí huir de aquello que me asfixiaba,  asentándome, en Tenerife, a donde me trajeron unos ojos y un nombre de mujer.  Mi vida transcurre, ya en la era digital. Lo demás, nada. No soy poeta, ni artista siquiera. Gozo con la contemplación de lo hermoso y de lo cotidiano, disfruto de la compañía de quienes me quieren y reniego de quien me examina.
   
 

 

Un abrazo y mi agradecimiento, a los fotógrafos que han colaborado con las imágenes de esta sección, ya sea como fotógrafos o como colaboradores: Andrea, Doris, Jorge, Luis, a los amigos y compañeros Juan Cruz y Cristo F. Garcia.
Y como no, a todos los que día a día, me ayudáis a realizar todos estos proyectos, a las modelos que posáis bajo la lluvia, las que os habéis sumergido, os subís a las rocas o a las que echáis la rodilla en tierra para desenterrar unos raíles que luego formaran parte de la foto. Todos me habéis demostrado vuestro cariño y amistad, Amanda, Gisela, Arianna, Barbará, Patricia, Thaïs, Sonia, Vero, Sara, Miriam, Cristo, David... y tantos y tantos otros.


Como mención especial, deseo agradecer a ese incomparable maquillador que es Sergio Abreu, que tanto me ha aportado y al que tengo tanto que agradecer.


Y por último, lo más importante, a mi mujer, Sonia, quien apenas pide y que tanto me da y a mi pequeña Sara, sin cuyos abrazos no podría salir de casa.


Gracias a todos.